Parque Adolfo Suarez

Parque Adolfo Suarez

Salí de comer del Porrón, había que hacer tiempo, pues todavía quedaba un par de horas para la tertulia de “Los escritores por Naturaleza” decidí ir a pasear por el Parque Adolfo Suarez. Cogí uno de los caminos que tiene sin importarme a donde me llevaba, únicamente quería disfrutar del paseo en sí. En la mano izquierda llevaba la carpeta con los papeles del médico y en la derecha el teléfono para sacar fotos de alguna flor, me gustan las flores, me recuerdan a ti. Al poco de pasear mis piernas notaron la falta de ejercicio y me senté en un banco en un apartadero del camino tenía una frágil sombra de un almendro medio florido, vi revoletear a unas abejas y a un abejorro recolectando polen de esas flores tiernas de marzo, debajo del banco había un saltamontes muerto, un festín para las hormigas que trabajan incasablemente. Por delante mío paso un perro, un niño y un abuelo y salieron volando dos hurracas que estaban trapicheando entre los arbustos, al girar mi vista hacia allí vi un gazapo blanco comiendo verde y a una familia de patos en el estanque danzando en el agua. Dos cigüeñas cruzaron mis ojos dirección al horizonte, las nubes tapaban el cielo.
Se cae la carpeta y los papeles se manchan con la tierra y comienzo a leer lo que antes no me importaba y mis ojos lloran y empieza a llover y rehago mi camino sobre mis pasos dando importancia a todos esos pequeños momentos de la vida, que me han llevado a ser lo que soy y por lo que no voy a dejar de luchar, aunque sé de buena tinta donde acaba el camino, en sí lo que importa es el viaje.

Photo by Olesya Grichina on Unsplash

Manuel Barranco Roda

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