Arrebato de primavera

Arrebato de primavera

No sé, ni tú tampoco cuando empezó lo nuestro. Sería una tarde de abril o de finales de marzo. Me acuerdo de la lluvia porque corríamos locos para protegernos del aguacero, eran gotas alegres de primavera que chapotean en la ropa dejando su huella.

Era la primera vez, que te vi fumar en el portal de Las Lunas, inhalabas el humo del cigarro con esperanza, como un preso el aire de la libertad y tu rostro dibujaba el placer del deber cumplido.

Resguardados de todo y de todos, tus ojos clavaron tu mirada en mí, tus labios se relajaron dejando florecer una ligera sonrisa, tiraste la colilla con desdén y tu mano agarró la mía arrastrándome hacia ti. Tu cuerpo se abalanzó contra el mío empujándome contra la pared. Sin escapatoria, tus besos cortos pero húmedos besaban mi boca y mis manos sueltas buscaban tu cuerpo desabrochándote la blusa en busca de tus pechos dulces y fulgentes de juventud. Entre sollozos saltaste sobre mí como una pantera enganchándome con tus piernas mientras que mis manos ayudaban agarrándote tus nalgas prietas. Con las lenguas jugábamos con caricias imposibles para encontrar nuestras almas. Con el deber cumplido de placer volví respirar de tu humo.

Mientras tanto la lluvia corría por los caminos como el tiempo…

Ya podíamos hablar de amor.

Manuel Barranco Roda

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