ESAS TARDES DE JULIO…

ESAS TARDES DE JULIO…

 

Saltamos la valla y nos fuimos quitando la ropa a la carrera para tirarnos a la charca.
No le dábamos valor a la desnudez de nuestros cuerpos, era una cosa natural, entre nuestro grupo de amigos, sin darle importancia al género de cada uno. Nos conocíamos tanto, que todas hemos sido novia de alguno de los chicos; Andrés, Kuco, Palomares y Santi. Este último un poco afeminado, pero a la vez muy gracioso, pretendía ser torero y se metía algodón en el paquete para darle más vistosidad al asunto. Pero en la charca no funciona, aquí no hay algodón, que engañe. Jugábamos con el agua entre nosotros haciéndonos ahogadilla y alguna que otra perrería. Palomares se conformaba con hacerse el muerto. Gloria y Kuco se daban el filete, en ese lado de los enamorados. Andrés y Yo tonteábamos en cruzar esa raya, o no. Jugábamos a mirar a la luna llena y, se nos escapaba alguna sonrisa cómplice, mientras nuestras piernas aprovechaban para acariciarse debajo del agua. Santi estaba fuera de la charca, desnudo, dando unos pases al viento con el capote. De repente se pone a gritar —¡UN TORO, UN TORO, UN TORO!— y salta a la charca.
Cuando nos dimos cuenta estábamos rodeados de vacas y toros, que habían venido a beber y estuvimos allí, cuatro o cinco horas, en remojo, hasta que mi tío Feliciano con su cuadrilla vino a recoger a las reses.
Desnudos, arrugados, con la bravura de nuestra juventud salimos de la charca,
para volver a quedar mañana y ¿por qué no?, cruzar esa raya imaginaria hacia el amor.

Photo by Philip Swinburn on Unsplash

Manuel Barranco Roda

Image and video hosting by TinyPicImage and video hosting by TinyPic

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *