La Tortilla

La tortilla

Entre en casa, como siempre cansada de trabajar, con hambre. El olor a comida me despertó más el apetito, fui directamente al salón a indagar:

– ¿Qué habrá preparado de cenar?

Para mi sorpresa, la mesa estaba montada con los manteles y la porcelana que me regalo mi madre. Las copas de bohemia estaban regadas por una de las botellas que sobraron de Navidad. Obsequio de mi padre, vino de Toro de Zamora de mi tierra. La  mesa adornada con una suculenta ensalada y una escueta, pero enorme tortilla española. Mi menú favorito, simple y complicado a la vez…

Al otro lado de la habitación estaba Paco, me recibió con una sonrisa forzada, intentando  terminar los últimos detalles. Mientras tanto empezó a sonar nuestra canción, me ofreció vino y  abrió la palma de su mano entregándome un estuche…

Veintitrés  minutos antes, BAR EL PASO:

 

  • Juan, una Tortilla.

 

  • ¿Cómo la quiere el señor? Tal cual o de jamón o de bonito o de camarón o la quiere paisana a lo mejor.

 

  • NO JUAN, QUIERO UNA TORTILLA, PARA LLEVAR, DE PATATAS POR FAVOR,

¡QUÉ ME ESTÁ ESPERANDO MI MUJER!

 

  • Y, ¿cómo está María?

 

  • ¡Bien! Trabajando mucho.

 

Para Paco los minutos de espera son interminables:

 

  • Paco, la tortilla. Siete con ochenta, por favor.
  • TOMA JUAN, COBRA Y GRACIAS.

 

  • Paco, por cierto ¿hoy hace un año de vuestra boda?

 

  • ES VERDAD; MARÍA ME ELIGIÓ A MÍ, PERO LE SIGUEN GUSTADO TUS TORTILLAS.

 

 

  • Es la vida Paco, no pasa nada. Dala recuerdos, me alegro que os vaya bien, y si puede que me devuelva mi lib

 

Con la tortilla por fin en su poder, Paco  marcho para su casa, a toda velocidad sin esperar a que Juan terminara de hablar.

 

 

…al ver el estuche me puse súper nerviosa y se me secaron un poco los labios por lo que acepte de buen grado saborear el vino de papa. Antes de abrir mi regalo, solté la copa encima del televisor, para tener libre las dos manos. Paco me miraba impaciente, cojo mi estuche con cuidado es pequeño, pero pesa.

 

  • ¿Qué tendrá dentro?

 

 Sonrío, cierro los ojos y ya está abierto.

  • ¡Dios! ¡Dios! ¡Dios! ¡Un Diamante! ¡Un Diamante! ¡Un Diamante!

 

Y, ¡qué diamante! el más grande que había visto en mi vida. Necesitaba beber, fui a por el vino, pero con los nervios tire la copa, por lo que opte por besar a Paco alocadamente. Pare para respirar y beber de la misma botella, el vino mancho mi blusa, Paco intentaba recuperar cada gota de ese vino de la felicidad, besando mi acalorado cuerpo. ¡Qué diamante! Fuimos a cenar con la prisa de dos amantes que tienen miedo a que se acabe la noche. Ya en la cama me entregue a él, como una loca, que no tiene miedo a nada. Le di mi regalo de aniversario…

 

A la mañana siguiente, desayunando:

 

  • Paco, anoche estuviste fenomenal

 

  • ¿Te gusto nena?

 

  • Sí, ¡qué diamante!

 

  • ¡Gracias! cari

 

  • Pero… la tortilla, no es lo tuyo, estaba salada y se te olvido echarle cebolla.

 

  • ¿Cómo? MIERDA… “será cabrón” Rumió

 

  • Paco, no te enfades, pero las tortillas de Juan, me gustan más.

 

Moraleja:

 

  • No dejes que nadie te dé la vuelta a la tortilla, no vas tener siempre un diamante para arreglarlo.

 

 

Manuel Barranco Roda

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