Los gigantes y cabezudos

Los gigantes y cabezudos

 

Una vez un señor muy alto me tocó la cabeza. Mire hacía el cielo, mis ojos brillaron. Vi a mi abuelo. El viento eran caricias de mis sueños. Rompí a llorar no de miedo, sino porque todavía era un niño, que no sabía que los milagros suceden con normalidad a nuestro alrededor. Mi abuelo ya estaba en cielo y ese viento era el susurro que me decia «Te Quiero» y esa caricia era de un gigante de los que ama mi pueblo.

Manuel Barranco Roda

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