Marioneta

Marioneta

Abrió la puerta, ya con miedo, cómo si ya sabía lo que se iba a encontrar en su interior. El camerino olía a madera mojada.
Empezó a llorar., sin aire, sin ganas, sin vida. Miró a la mesa, donde estaban sus papeles. Se acercó y bebió de su último trago, se le oscureció la piel por ese sabor tan amargo. Cogió una de aquellas hojas y leyó en alto las primeras palabras:

– «He paseado por las calles de París, y es tu aroma lo que siento. Cada adoquín maltrecho me recuerda a nuestra vida, entre esos suspiros del adiós…»

Escuchó un ruido de agua, como un goteo continuo. Miró al frente, y vio una cortina roja y en el suelo un charco lúgubre. descorrió la cortina, y encontró una torreta de cajas. Alzó la mano con la intención de coger una caja de esas, pero se escurrió, abalanzándose contra su destino. Por unos momentos, quedó inconsciente. Al despertar una marioneta estaba a su lado, acarariciandola el pelo y mirándola fijamente:

-¡Has vuelto! ¿Has vuelto a por mí?

Photo by Ethan Hoover

Manuel Barranco Roda

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