Nessun Dorma…

Nessun Dorma…

 

La estaba esperando en El Norte Dos, de que saliera del trabajo, como casi todos los lunes. Con mi Coca-Cola light, sin hielos, ni limón. El Norte Dos es un bar, que está al lado de su trabajo y le gusta a ella (A mí, me gusta, porque me recuerda a ella) es todo de madera; la barra, las paredes. Como esos bares de su pueblo.
Ya la estoy viendo… Llega con prisa, cargada de bolsos o bolsas grandes de tela. Me la estoy imaginando; entra me da un beso y me dice:

-Hola Manuelillo… Mientras que deja las bolsas en nuestro rincón.
-Ahora vuelvo… Se va la calle a fumarse un cigarrillo, tranquila, para desconectarse del trabajo y quitarse las prisas de la piel. Yo, aunque no fumo, me voy detrás de ella, porque las bolsas están seguras en nuestro rincón. La verdad, es que me puede mi impaciencia, esas ganas de compartir todo momento con ella, hasta ese cigarrillo, de esas palabras cortas:

-¿Qué tal el trabajo?
-Bien
¿Mucho?
-Si… Mientras, que apura el cigarrillo con prisa, porque hace frío, y no quiere que yo pase frío por su vicio. Pero a mí, me gusta todo de ella; como ajunta los ojos, cuando da las primeras caladas, y a la vez con la otra mano manda los últimos WhatsApp de trabajo, para luego apagar el teléfono. Mientras, que hace, que no me hace caso, pero esta pendiente de como la miro, y le hace gracia, esa cosa mía, de pasar frío por estar con ella.
¡Me gustaban, esos cigarrillo!

Al entrar al bar, Benito, ya le tenía puesta una Coca-Cola y un plato grande de patatas fritas, y un par de canapés de bonito con tomate. Muchas veces, ni siquiera le daba tiempo a comer.
En un momento dado, sin venir a caso, me suelta:

-El día que me muera, me incinerais y en una urna reciclable me echáis al Lago de Sanabria, mientras que Mónica Naranjo canta Nessun Dorma…

Yo en tono sarcástico:
-¿Lo dé Mónica Naranjo, vale una grabación, no?
-Porque yo, no sé, si seré todavía lo bastante famoso para convencer a Mónica Naranjo, para que vaya, a cantar en directo, por tu muerte en el Lago de Sanabria.
Ella, se me quedó mirando un rato y se empezó a reír.

-¡Serás tonto! ¡Pues claro! ¡Una grabación! Me dice, dando el último trago de la Coca-Cola.

Ya después, nos fuimos…

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Manuel Barranco Roda

 

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