Ventrilocuo

Ventrilocuo

Son mis cuerdas mi sangre, cómo tus ojos Amapola. Trago amargo de mi dueño. Ser humano, que me controla mis manos. Pero soy muñeco de sueños, marioneta con la voz triste de ventrilocuo apagado, de traje gris invisible, solitario ser de escenario.

9:15 de la mañana de 1963 en un Bulevar de París, en un pequeño teatro, en un camerino austero; una silla, una mesa, un vaso, muchos papeles sueltos, una botella de Ginebra.

-¿No es muy pronto para beber?-
-Calla, calla ya-
-¿No deberías de salir a buscar a Amapola?-
-Calla, soy yo el que habla a través de tu boca-
-¿Tienes miedo a perder el control?-
-¡El control! Pero si soy yo, el que te mueve-
-Pero es ella, la que te controla a ti-
-Calla, calla ya- decía mientras echaba ginebra en ese sucio vaso del suicidio.

-No te mates, no me mates.¡Tengo sueños!-

Sin decir nada más, abrió una caja roja; de pequeñas tristezas, forrada su interior de suave algodón. Colocó como en un cortejo fúnebre a la marioneta, le acomodó las manos en su pecho. Cerró la caja, y corrió una cortina, donde había mas cajas como esa. La puso encima de otra. Corrió otra vez la cortina, se dio la medía vuelta, y se fue…

Photo by Gabriel Matula on Unsplash

Manuel Barranco Roda

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